15 de septiembre de 2011

Entrevista en la publicación cultural NaN














Esteban Vera, de la revista cultural NaN, me ha hecho una entrevista que salió en el número 3 de esta publicación. Aquí pueden leerla.  

Por Esteban Vera, para revista NaN

La distopía, por oposición a la utopía, es el relato del peor de los mundos posibles. En Burocracia (Gadir), el escritor argentino Santiago Ambao, con residencia en Barcelona, narra un universo sombrío, anclado en una ciudad imaginaria con trazos porteños y españoles, pero con un registro lingüístico rioplatense. Allí, el Estado vigila y castiga a través de un aparato burocrático gigantesco ante el temor de ataques terroristas. “El fantasma de los portales (ventanas inexplicables que permiten escuchar conversaciones que tienen lugar en la ciudad) era más peligroso que los portales mismos”, conjetura el narrador. Pero además reprime y excluye del contrato social a deudores de impuestos y, sobre todo, a ancianos. Aunque la novela transcurre en años analógicos (no hay Internet, todos se comunican con telegramas), al leerla es imposible no mirar al presente impregnado de los discursos de derecha sobre seguridad y vigilancia.
En esta ciudad el poder es paranoico, kafkiano. Todos pueden caer en las redes punitivas y ser declarados culpables sin saber de que se los acusa, como le sucede a Josef K, el protagonista de El proceso. La novela sigue la línea inaugurada por Un mundo feliz (Aldous Huxley), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) y 1984 (George Orwell), ficciones que plantean felicidad o libertad, aunque Ambao reformula: libertad o seguridad. “El miedo siempre es el camino más directo a la implantación de una política que por consenso no podría implantarse. Eso es así en todas las sociedades o, por lo menos, en estas pseudo-democracias occidentales en que vivimos. Miedo a perder el trabajo, miedo a que me maten por cinco pesos, miedo a los inmigrantes, miedo a los terroristas, miedo a que la economía deje de crecer o peor, que se retraiga. En España, no percibo una política activa para manipular a través del miedo al terrorismo. Pero si es verdad que la derecha, en cualquier tema relacionado con la ETA, articula un discurso tendencioso que pretende, antes que cualquier otra cosa, sacar una rédito político”, le dice Ambao a NaN por correo electrónico.

¿A más temor un Estado más panóptico?
No lo sé. La última vez que fui a Buenos Aires vi mucha seguridad privada. O sea que del miedo sacan tajada también los intereses privados. Es sólo un ejemplo, es un tema complejo. El miedo hace manipulables a las sociedades. En la Argentina estamos muy acostumbrados: los discursos apocalípticos siempre fueron potentes motores para numerosísimas campañas electorales.

¿Qué dice de una sociedad su burocracia?
Esa pregunta es muy difícil. Yo cuento historias, nomas. Mis inquietudes están ahí, las traslado al lector. Deseo que lo motiven. Pero no puedo pasar de enunciar inquietudes.

¿La literatura genera inquietudes o sólo contiene las del autor?
Depende del lector. No me gustan esas novelas que me están mostrando la asombrosa capacidad del autor para hacer crítica social o reflexionar. Más que inquietudes, eso me genera rechazo. Quiero que me cuenten una historia. Pero claro, también me interesa que una narración no se agote en sí misma. Algunas obras me lo pondrán más fácil: sembraran ambigüedad, angustia, dudas. Lo único indispensable para que una historia movilice inquietudes que trasciendan la ficción es un lector activo y curioso.

¿Qué lo llevó a vivir a España? ¿La crisis de 2001?
La situación económica pudo haber influido indirectamente. Pero la verdad es que no vine ni por un tema económico ni profesional. Me trajo mas la curiosidad que la búsqueda de eso que muchos llaman “futuro”. Vine a pasar un tiempo sin pensar demasiado en el mediano plazo. Me sentí bien y me fui quedando. Pero es una decisión que he venido renovando día a día, y sigo haciéndolo. En ciertos aspectos, soy un poco cortoplacista.

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Isidro Rawson —perfilado con rasgos arltianos de Los siete locos, como la angustia existencial de Remo Erdosain— es un inspector del Ministerio del Interior dedicado a verificar la presencia de portales sonoros y a determinar su grado de interés para la seguridad nacional. El control está en manos de un aparato burocrático que —en su faceta más represiva— persigue a deudores, quienes son condenados a cárceles-fabricas o a la marginalidad en un barrio de “no ciudadanos”. “Aquí se tiene el buen gusto de excluir a los inmigrantes sin arrinconarlos en barrios marginales, simplemente haciéndolos vivir en condiciones marginales en cualquier lugar donde se encuentren. Los ‘no ciudadanos’ lo son literalmente: inmigrantes sin papeles. Muchos les dicen ‘inmigrantes ilegales’, como si una persona pudiera ser ‘ilegal’. Conviven con los ciudadanos en el día a día, son muchas veces la mano de obra barata, y eso en el mejor de los casos”, grafica el escritor, actual coordinador de un taller literario y ex lavacoches, entre otros oficios. En paralelo a la trama principal, Ambao narra una trama policial, en clave novela negra. Y la historia, además, arriesga intuiciones literarias sobre como narrar una novela, algunas utilizadas por el autor en Burocracia. Una de ellas, las alternativas de varios desenlaces posibles.

FICCIÓN POLÍTICA
En esencia, es un relato distópico de paranoias y confabulaciones, respaldada por una historia de intrigas políticas, crímenes e interrogantes existenciales. “En un genero fantástico o prospectivo, uno de los mecanismos que mas me interesan, como lector, es el de una obra que nos sumerge en su verosímil, nos convence de que el universo del que nos habla tiene leyes ‘coherentes’ que al mismo tiempo reconocemos absurdas. Eso de hacerme sentir que lo coherente y lo absurdo no necesariamente está reñido es un mecanismo que me resulta muy interesante. Porque después, cuando uno sale de la historia y regresa a la vida cotidiana, pierde un poco la inocencia, ve con más claridad esos mecanismos a través de los cuales nos venden que algo así como ‘un derecho natural’ rige nuestro mundo”, esboza Ambao. Con Burocracia, el escritor obtuvo el Premio Joven de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid, en 2009. Cuatro años antes, su primera novela, La peste peor, había sido finalista del Concurso de Narrativa de la Obra Social de Caja Madrid (2005). Nacido en Banfield en 1975, desde 2003 vive en España. Primero en Madrid, ahora en Barcelona, ciudades que reunieron en acampes multitudinarios en la madrileña plaza Puerta del Sol y en la barcelonesa Plaza de Catalunya a jóvenes y no tan jóvenes “indignados” por una democracia bipartidista surgida en el franquismo y ponderada en el Pacto de la Moncloa.

En una entrevista planteaba que ve a Europa en “una situación política amesetada: la gente no tiene capacidad de poner en tela de juicio el modelo”. ¿Con el movimiento de los “indignados” hubo un cambio?
Si, algo cambio. Y es muy positivo. No diría que las críticas “aparecieron” sino que grupos minoritarios, antes ignorados, lograron hacer oír su voz y ganaron el apoyo de muchos apáticos. Aunque tampoco es una revolución o una “crisis profunda de fe en el sistema”, por lo menos en Barcelona. Es una ciudad donde un sector pequeño aunque ruidoso dice que todo esto, en el sentido amplio, le parece una mierda, en muchos aspectos con muy sólidos argumentos. Un sector mayor lo mira con cierta simpatía, con cautela. A veces, con alegría; otras, con escepticismo.

De todas formas, ¿cómo analiza el impacto de las movilizaciones en España y Europa?
Me parece muy positivo que se vuelva a hablar de política, a pensar, a criticar, a proponer. Que se empiece a salir de la apatía. Es imposible saber cómo impactara este movimiento, si alguna fuerza política podrá capitalizarlo o si alguna emergente podrá aprovechar la inercia para instaurar cambios. Cualquiera de esos escenarios es posible y también es posible que todo siga igual. Si la actitud crítica y reflexiva se mantiene en el tiempo, si poco a poco se van trayendo apáticos a la arena de los críticos, si esto resulta ser el principio de una transformación cultural y no una expresión coyuntural de bronca o impotencia, puede haber cambios positivos a mediano plazo. Pero esto último es más un deseo que un análisis. No le creo a nadie que me diga hoy como impactara este movimiento en el futuro.

La ciudad en la que transcurre la acción de Burocracia es una combinación de Buenos Aires y algunas ciudades españolas, pero ¿por qué se inclinó por un registro porteño y no uno neutral?
Viví varios anos en Madrid antes de mudarme a Barcelona y escribí Burocracia a mitad de camino entre ambas. Buenos Aires, por supuesto, siempre está cerca. La novela transcurre en una ciudad imaginaria porque se me hacía muy difícil sentirme lo suficientemente cerca de alguna ciudad como para anclar allí la historia. La novela tiene mucho de política ficción: la trama principal se centra en los intereses de la clase dirigente de ese universo, y para mí, hasta ahora, pensar en política es pensar en argentino.

En la novela plantea varias hipótesis sobre Dios, entre otras que es un “rompebolas”.
Quien plantea esas hipótesis es Isidro. Él busca en esa interpretación de Dios comprender lo que pasa en su universo, por qué surgen esos portales sonoros de un día para otro sin ningún motivo aparente. El mundo se le volvió demasiado absurdo para descifrarlo a través de la ciencia, la filosofía o las religiones tradicionales. Por eso busca una respuesta mística nueva, por eso intenta reinterpretar la idea de Dios. El mundo es bastante absurdo. Pero no sé si Dios –en el supuesto de que exista, cuestión que aun se está discutiendo– sea el responsable. Aunque, por ahí, los tiempos de Dios sean distintos a los nuestros. En una de esas, los últimos cinco mil años lo agarraron en el baño, reconcentrado en otras cuestiones.